Hay
días que te levantas y no piensas.
Simplemente,
sales de la cama, desayunas, te vistes y sales por la puerta. Y no procesas
nada hasta que llegas a clase y te sientas. Y miras a tu alrededor.
Empiezas
a intentar asimilar todo lo que dice tu profesor. Pero realmente, no te importa nada de
lo que esté hablando. Eso no es lo que quiere oír tu mente.
Tu
lo que quieres es oír otra cosa. Ponerte los cascos y perderte todo el día por
Madrid, con la música a todo volumen. Correr, sentir el aire en la cara.
Estar
en cualquier otro lado menos ahí, o hacer cualquier otra cosa que no sea estar
sentada delante de una pizarra.
Me
gusta lo que estoy estudiando. Pero hay días así, que no quieres hacer nada y
te preguntas si realmente es eso lo que quieres hacer.
Y
sabes que una pequeña parte de ti dice que sí. Aunque sea un “si” muy bajito.
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