domingo, 25 de marzo de 2012

Lo que pasa realmente cuando escribo

Son las dos y cuarto de la mañana.
Y me he propuesto y prometido, que de este asiento no me muevo hasta que te haya escrito lo que te mereces. Aunque sea, un par de párrafos.
Pasan las manecillas del reloj, lentamente, y sigo sentada aquí. Sin nada que escribir, mirando a mi alrededor, en busca de algo que me libere de esta hoja en blanco.
Se hacen las dos y veinte de la mañana.
Nada. Sigo igual.
Si no consigo escribir algo interesante, una sombra oscura y monstruosa que me lleva observando pacientemente, desde una esquina de la habitación. Se separara de la pared y saltara sobre mí. Solo para devorar y masticar con saña y desprecio cada una de mis pasadas, presentes y futuras ideas.
Por eso sigo escribiendo, aunque me arriesgue, cada día a no acabar mis historias y me devore. Solo para que no deje de mí, un trozo de carne sin ideas.
Bárbara

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